Una auditoría externa realizada en el seno de la propia UNESCO revela que un alto funcionario ordenó prender fuego a 100.000 libros. No por emular a los pirómanos de Rad Bradbury (Farenheit 451), sino porque la cantidad de papel sobrepasaba la capacidad de un almacén habilitado en la ciudad de Bruselas. Ocurrió entre 2004 y 2005, pero la noticia ha trascendido ahora con resultados embarazosos. No sólo por el sacrificio incendiario de la biblioteca. También porque entre las obras enviadas a la hoguera figuran 5.000 volúmenes de la «Historia General de Latinoamérica».
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