Entrar en una biblioteca municipal y pronunciar frente a un empleado Estela es mentarle a la bicha. Todos ponen cara rara, suspiran, asienten en silencio y dicen que no quieren o no pueden hablar. El nombre de mujer corresponde al del software que el Ayuntamiento implantó hace ocho meses en su red de bibliotecas. No funciona bien y ha provocado el colapso del depósito central, donde se acumularon más de 100.000 libros.
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