Las redes sociales tienen un plato predilecto: nuestros datos privados. Basta entrar en una para comprobar la avidez con que incita al strip-tease de nuestras vidas. Todo lo que digamos y hagamos en ellas será registrado y procesado a mayor gloria de la publicidad personalizada. La Comisión Europea no lo ve claro y lo está investigando, mientras 37 agencias de protección de datos alertan de los riesgos que corren quienes airean sin complejos su quehacer cotidiano en estos servicios.
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