José de Figueroa y Torres, vizconde de Irueste, murió el 11 de junio de 1901 en la Torre de la Justicia, en Granada. Ocho años después, su hermano mayor, Álvaro, conde de Romanones (Madrid, 1863-1950) y célebre político en la España del primer tercio del siglo XX, donó a la Alhambra la interesante biblioteca que reunió el vizconde, aficionado al arte y bibliófilo. Esos fondos fueron el origen de la colección actual del recinto monumental, que con más de 14.000 monografías, es hoy una de las más importantes de arte nazarí. Un siglo después de la donación del legado, la Alhambra ha restaurado esas obras, muchas seriamente dañadas, y las ha digitalizado. En dos o tres meses se podrá acceder a ellas a través de Internet. Se cumple así uno de los compromisos adquiridos por el Patronato de la Alhambra en su plan director. Meses de minucioso trabajo por parte de un equipo formado por una docena de personas en el archivo y la biblioteca han logrado recuperar el esplendor de muchas de esas obras, además de garantizar y facilitar su acceso a generaciones futuras. Es el núcleo originario que dota de "singularidad" a la biblioteca de la Alhambra, explica María del Mar Villafranca, directora del Patronato. Catalogar, restaurar y digitalizar es el proceso seguido, aunque muy simplificado. Los restauradores Rubén Sánchez, Rosario Gomis y Rafael Lorente son los artífices de gran parte de esta delicada operación.
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